El Jardín Zen nos enseña que debemos comprometernos y reconocer los pasos que nos llevan a progresar hacia un entendimiento que nos acerca a la distante supuesta iluminación.
El Jardín Zen nos permite dar descanso a nuestra mente, concentrarla en un solo punto, tranquilizar la ansiedad, la angustia y los miedos.
Podemos cambiar su forma infinidad de veces retirando las rocas, alisando la arena, colocando nuevamente los elementos y con el rastrillo trazando los surcos que representarán nueva oportunidades para continuar en nuestro sendero. Nos da la oportunidad de renovarnos con cada experiencia.
Desde los inicios de los tiempos se ha considerado a la tierra: arena como fuente de sostenimiento. La observación ha sido la base del conocimiento y el secreto porfundo de un Jardín Zen reside precisamente en la contemplación. Pocas veces nos detenemos a observar los detalles de lo que nos rodea, generalmente pasamos y vemos, pero no observamos con detenimiento las cosas debido a la gran inquietud que crea la vida, la incertidumbre de hacia donde vamos, que somos y por qué estamos. Al enfrentearnos a la gran responsabilidad de sobrevivir, dejamos muchas veces pasar los pequeños detalles que pueden hacer más placentenra nuestra estancia en este planeta. |